I
A partir de ahora
donde dice “recortes”
hay que decir
“innecesarios gastos que ajustamos”.
Donde dice despidos
hay que decir
“ceses no renovables”.
Donde dice “más parados”
hay que decir “es lo mejor para vosotros, queridos, os queremos…”.
Donde dice “funcionarios”
hay que decir “desayunos eternos ventanillas
heladas dales duro”.
Donde dice “copago”
hay que decir “gratuidad no tocamos las pensiones ves qué bien”.
Donde dice “niño de doce años que protesta”
hay que decir “incendiario antisistema”.
Donde dice “no violento”
hay que decir “terrorista”.
Donde dice “librepensador”
hay que decir “caradura pagado por el soe”.
Donde dice “15-M”
hay que decir “15 mierdas”.
Donde dice “recortes despido copago más parados a la calle…”
hay que decir
“la herencia recibida”, como un mantra
“la herencia recibida la herencia recibida...”.
Donde dice “memoria histórica”
hay que decir “olvídate de aquello”.
Y ya de paso olvídate de todo
lo que no sea nuestro ideario
llevado a cabo, querido ciudadano,
para tu bien
a largo plazo, eso sí, no puede
ser de otra manera.
II
“No hay dinero”, nos dicen
mientras ponen a buen recaudo su cartera
y a punto siempre tienen
por si acaso el teléfono
de los antidisturbios.
III
La herencia recibida la herencia recibida la herencia recibida…

Compramos hace poco una impresora
HP Deskjet F4180
para imprimir trabajos de mis hijos.
Nos costó hacerla funcionar
(el pequeño, sin duda, es el más hábil),
aunque a decir verdad
nunca acaba de funcionar del todo…
Al enchufarla suenan golpes
tipo tambor,
después…como unos muelles,
como un correr de ruedas y rodillos,
de pronto un ruido seco, y…silencio.
Todo a punto parece…y algo falla:
a veces es el cable, que se afloja,
o “¿tendré que cambiar esos cartuchos?”
Pero a menudo el cable está en su sitio,
los cartuchos de tinta están completos
y no funciona la impresora.
Por no llamar, una vez más,
al pequeñajo,
intento solventar yo este problema:
al azar pulso interruptores,
desenchufo
portátil e impresora, todo muerto,
conecto, otra vez pulso, algo se enciende,
todo vivo de nuevo, hay luces verdes
y naranjas, puntitos que se activan;
lleno entonces de amor y de esperanza
pulso ctrl. + p,
y vuelven los tambores,
los rodillos y ruedas se desplazan,
los muelles se tensan y destensan a su aire,
hasta que algo se ajusta finalmente
…ahora chilla un silencio tembloroso…
y, de pronto,
lo mismo que amanece tras la noche,
parpadea el botón del encendido
con una luz plena de vida,
y, cual piar
de matutinos pájaros,
irrumpe el sonido de la copia
rumboso, fresco y virginal,
y la máquina pare documentos,
trabajos que mañana
con suerte traerán sobresalientes.

El otro día me sorprendí mirando atentamente en el suelo las canicas que mi hijo Ezequiel había dejado caer de su bolsa.
Las miraba como queriendo sentir lo que Ezequiel siente cuando juega con ellas, como queriendo desentrañar el misterio que encierran. Las miraba fijamente, anhelando rescatar su espíritu, el espíritu infantil.
En ese gesto me comparaba con Jack Skellington, el personaje que protagoniza una de mis películas preferidas (también de Ezequiel): “Pesadilla antes de Navidad”*, de Tim Burton. El argumento viene a ser así : Jack Skellington es el Rey del Mal en el país de Halloween, pero se encuentra deprimido, cansado de su papel una y mil veces repetido. Un día descubre por azar el país de la Navidad y queda fascinado por esa felicidad que no entiende, por esos colores brillantes que nunca antes ha visto, por la nieve… Recoge unos cuantos objetos navideños (bolas de colores, espumillón, paquetes con regalos…) y se recluye en su gabinete a analizarlos. Pero por más experimentos que realiza (con ayuda de los instrumentos que le presta amablemente el doctor Finkelstein) no consigue sino romperse inútilmente la cabeza…
“…de memoria me conozco ya
bastantes cuentos de la Navidad,
los villancicos sé memorizar
y mi cabeza pronto va a estallar”
La ciencia no ayuda a Jack a desentrañar el misterio de la Navidad. Pero, cuando ya está próximo a arrojar la toalla, tiene una visión. Se ve a sí mismo vestido de Papá Noel, llevando regalos a los niños, cambiando su papel de Rey de Halloween por el de Rey de la Navidad. En una decisión arriesgada manda secuestrar a Santa Claus (él le llama “Santa Clavos”) para ocupar su lugar. Los resultados son catastróficos, como cabía esperar, pero al final de la película, Jack (arrepentido) salva a Santa Claus de una muerte segura en Halloween y le permite regresar al país de la Navidad, que se encontraba desesperado ante su desaparición. Jack, por su parte, termina dándose cuenta de cuál es realmente el mundo al que pertenece y acepta de nuevo su papel de Rey del Mal (la suplantación resultó un desastre: los juguetes construidos por los habitantes de Halloween –cabezas reducidas, serpientes, murciélagos, patos violentos con dientes en el pico…- aterrorizaban a los niños y el trineo-ataúd de Jack con sus renos/esqueletos tuvo que ser abatido por el ejército).
Como consecuencia de todas estas peripecias, quedan fijados unos fuertes lazos entre ambos países y ya nada será igual. Al término del Día de Difuntos, Papá Noel surcará el cielo con su trineo, enviando una nevada sobre los habitantes de “Halloween”, que vuelven a quedar boquiabiertos, subyugados y sin llegar a entender apenas nada de ese misterio que están rozando.
Pues así estaba yo el otro día, cual Jack Skellington, mirando las canicas que mi hijo había abandonado en el suelo, como pequeños mundos irisados atravesados por el sol de la tarde, refulgentes, vivos.
Tratando de desvelar su secreto, el secreto que había sido mío y que se me escapó de las manos un día.
Tratando de recordar.
“…Interesante reacción, pero…¿qué quiere decir?” (J.E.)
* The Nightmare Before Christmas, conocida en España como Pesadilla antes de Navidad, se estrenó en Estados Unidos el 29 de octubre de 1993, y luchó por la aceptación de la audiencia. Está basada en dibujos y un poema de Tim Burton, quien dijo que la inspiración le llegó cuando vio cómo retiraban el merchandising de Halloween en una tienda para poner el de Navidad. La yuxtaposición de fantasmas y duendes con Santa y su reno encendió su imaginación. Cuando The nightmare before Christmas fue editada en vídeo, se ganó poco a poco un público de culto, especialmente entre la subcultura gótica. La mercancía relacionada con el film (muñecos, bolsos, camisetas…) sigue vendiéndose muy bien hoy.
*The Nightmare Before Christmas fue pensada originalmente para ser distribuida por Disney, pero cuando esta película obtuvo la clasificación PG (Todos los públicos, pero con compañía parental recomendada), los ejecutivos de la empresa pensaron que, siendo Disney un estudio enfocado al público infantil, no se vería bien como distribuidor de este filme, así que fue Touchstone Pictures, filial enfocada al público adulto, la que terminó haciéndolo.
(Información sacada de Internet)
Han recortado
el “hola, buenos días”
cuando entramos al puesto de trabajo.
Esto supondrá un ahorro,
a lo largo del año,
de, aproximadamente,
300.000 segundos.
Han prohibido también
defecar en horario laboral.
Esto supondrá un ahorro,
en rollos de papel higiénico,
de, aproximadamente,
56.000 euros.
Se quitó el buzón de reclamaciones.
Esto supondrá un ahorro
de cuarenta y tres euros
e incremento de paz espiritual.
Sin embargo, el gobierno no da con la manera
de meter la tijera en lo siguiente:
pensamientos libidinosos
al mediodía, en los despachos,
cuando se ha mitigado ya el estrés
y entra por la ventana un solecico
que, unido a ciertas webs maravillosas,
ya ni te quiero yo contar
la que se monta, ay, la que se monta.

Cuando era adolescente me aconsejó mi padre:
“Tienes que ir ya pensando en buscarte un trabajo
que te dé de comer a ti y a tu familia”.
Me puse a la tarea
(no creas que no me costó, yo era
dado a la ensoñación y a los paseos…).
Al final, como todos (o como casi todos)
lo conseguí: un buen trabajo.
Dos veces por semana voy
con mi mujer a Mercadona
“ya sabes, el aceite, algo de pan
y leche desnatada…”
pero, al final, el carro lleno.
Los domingos, en casa de mis padres,
mi madre, cariñosa, me pide que repita:
-“Vale, dos cucharadas”.
Pero, al final, el plato lleno.
Mi padre entonces reza: “come y bebe,
que la vida es breve...".
Abro el frigorífico: comida caducada.
Llegan las fiestas: más comida
(langostinos, cecina, solomillo,
queso frito, boletus, carrillada,
rosbif, ensaladilla y ensaladas,
todo esto acompañado
de blancos y de tintos, de rosados,
y bitter para todas las abuelas;
a los postres, tortel, tiramisú,
naranjas, mandarinas, los kiwis y las piñas,
la tarta de manzana y ese flan de café
que precede a la sidra y al champán
que preceden al café y a los licores
que preceden...)
El tiempo va pasando…
¿es que no vas a comer más?
cómetelo to, pa lo que queda…
venga, acábatelo
¿qué hacemos de comer la semana que viene?

Encontró en el templo a los vendedores de bueyes, de ovejas y de palomas, y a los cambistas sentados, y, haciendo de cuerdas un azote, los arrojó a todos del templo.
(Evangelio de San Juan)
Los mercaderes
han ocupado el Templo.
En una noche oscura (ya había muerto Jesús),
penetraron y plantaron
en el atrio sus tiendas.
Con abalorios, vino y cascaruja
compraron a los sacerdotes
("¿y qué daño os puede hacer esto?").
Al poco tiempo
ya habían conquistado
todas las dependencias
(el claustro, el pórtico, el vestíbulo,
el comedor, las naves, sacristías,
la cocina, las celdas, los retretes
y el arco de triunfo).
Pusieron todo en venta,
incluido el sagrario
(a muy cómodos plazos, por supuesto).
Poco queda ahora del viejo Templo.
Por todas partes paños, baratijas,
hipotecas y frutas sin olor.
Y, en la tienda central,
el artículo estrella:
un póster de Jesús,
látigo en mano.
¡Ojito! Uno se entrega a los hijos, pero...¿qué entrega? Hasta el generoso darse ha de tener su ritmo, su medida. La semilla florece y da fruto en uno, para ser entregada a los hijos (fruto que nutre y plenifica). Pero ...dejemos en paz a la semilla, en paz para que, al ritmo perfecto del sol, el agua y la tierra, siga su camino natural de crecimiento. Y, cuando ya madure, cuando ya esté cumplida (con su tamaño, textura y color exactos), ella pedirá caer de la rama, ser recolectada y entregada a las bocas de los que necesitan su energía y su sabor.
(6 de noviembre de 2011)

Herimos la palabra a malos tratos, traficamos con ella impunemente, la envilecimos, la descalabramos hasta dejarla inane de sentido. ¿Y ahora qué? ¡Salvemos la palabra! ¿O está muerta? ¡Hagamos el silencio! El silencio es la lengua del espíritu. Los espíritus hablan en silencio. Volquémonos en ser, no en parecer. ¡Ser! ¡Ser, ser hasta desaparecer!
(Ángel Guinda, de su libro "Espectral")

Hasta 1985 no se pudo filmar en España una película en la que se tratara con humor la guerra civil. “La vaquilla”, de Berlanga (que, por cierto, se alistó con 17 años a la División azul para salvar a su padre de la cárcel) nos ofrece una desdramatización de la guerra, nos la hace más cercana, con sus personajes confundidos y cansados. En una de las escenas el personaje interpretado por Guillermo Montesinos, al llegar a su pueblo, se encuentra su casa destruida por una bomba. Cuando comienza a lanzar improperios contra los causantes del destrozo, llega su capitán y le dice: “Pero ¿qué haces, imbécil?, si hemos sío nosotros”. En otra escena los combatientes de ambos bandos se juntan en los descansos a intercambiarse cigarrillos.
"Cayeron muchos, de un lado y de otro, pero no hay motivos para guardar rencor. Cada uno defendió la bandera que le tocó defender", explica Antoni Quintana, que desde 1982 preside la Agrupación de Supervivientes de la Quinta del Biberón. El 28 de abril de 1938, los quintos del 41, que en muchos casos no habían cumplido 18 años, fueron movilizados en Cataluña para combatir en la batalla del Ebro durante la Guerra Civil. Por su juventud, se les conoció como la Quinta del Biberón.
Llamados para luchar por la República, muchos cayeron prisioneros y terminaron uniéndose al bando franquista para salvar la vida. "Ninguno tuvimos la culpa, por eso decidimos juntarnos para recordar, sin distinción de bando", apostilla Quintana.
Los biberones se reúnen cada 25 de julio (fecha en que comenzó, hace 67 años, la batalla del Ebro), para rendir homenaje a los que perdieron la vida. Ese encuentro tiene como escenario la Cota 705, en la sierra de Pàndols, lugar clave durante la guerra y donde en 1989 los biberones levantaron un monumento a la paz.
"Queremos recordar a todos los que perdieron la vida en el Ebro y en toda la Guerra Civil, de un lado o de otro", subraya Florit. A él le tocó ser "de los del otro lado". "Escapé porque estaba harto de lo que me rodeaba. Muerte, tiros... Crucé el río a nado y al otro lado los nacionales me capturaron", cuenta. "Pasé por un campo de concentración en Santoña y al final salí de allí con la condición de alistarme como voluntario con los nacionales".
"Nos duele y casi nos avergüenza todo aquello", se lamenta el curita, como llamaban sus compañeros de filas a Josep Llauradó. Este biberón tuvo que olvidar su vocación religiosa para ir al frente, y fue al seminario tras pasar por el campo de concentración de Santoña y hacer la mili en África. Llauradó celebra todos los años una misa en la Cota, ante sus compañeros biberones, que llegan en autobús acompañados de familia y amigos, para llevar a cabo el "acto de reconciliación".
"Hemos dejado atrás los rencores por la existencia de dos bandos que se decían enemigos", asegura Antoni Quintana, "cuando en realidad todos suspirábamos por la paz". Cada 25 de julio, los rostros ya octogenarios de los ex combatientes miran al cielo, por encima del monumento, mientras un avión F-18 sobrevuela la Cota 705. Hace ya cuatro años que un aparato del Ala 15 de la base aérea de Zaragoza realiza una exhibición para homenajear a los caídos y los supervivientes de una guerra que se libró entre hermanos.
Con ese calificativo, hermano, es como se refieren los unos a los otros, porque todos vivieron el dolor de dejar sus casas para combatir cuando eran casi adolescentes, pero han sabido superar el rencor. "Cada domingo, en misa, me doy la paz con un hombre que estuvo enfrente de mí, al otro lado del Ebro, con los nacionales, nos miramos y nos damos un apretón de manos", confiesa el presidente de los biberones, "y yo le digo al cura, ¡anda que si nos hubiéramos matado el uno al otro!".
(Información tomada de “El País”, 25 de julio de 2005)

I
Amigo, viste en sueños
al guardián del pantano.
En sus manos blandía una guadaña
elástica y enorme
y con soltura se movía
por las aguas corruptas.
Algunos cuerpos braceaban
trabajosamente en la ciénaga
y tras ellos iba el guardián.
Les daba caza y, con la mano abierta,
a la altura del pecho o la garganta,
un golpe súbito
convertía la carne en hielo.
Al término de su jornada,
se sentaba a fumar
con el porte de un dios
o un campesino,
mirando al horizonte,
tranquilo, meditando.
II
¡Cuidado con la vida!
Amigo, ten mucho cuidado
cuando irrumpa
con semillas de muerte entre sus manos.
Detén el movimiento,
cierra el grifo,
tala enseguida el árbol que despunta.
III
No corre el agua, amigo,
y tú braceas con esfuerzo
intentando escapar de la guadaña
elástica, infinita,
que ahora blande
el guardián del pantano.

“A no ser que os hagáis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos”
(Jesús de Nazaret)
Cuando era niño, el mundo era perfecto.
Entendedme, no es que no tuviese sus momentos de dolor y miedo, pero algo infinito y benévolo lo envolvía todo.
Aquellas sensaciones de plenitud regresan de vez en cuando. Aquella mirada infantil. Sobre todo cómo veía a las personas. Eran fascinantes : mis padres, abuelos, tíos, primos, los amigos de mis padres. Todos. Como personajes de película, de esas películas inmensas sobre sagas familiares.
Como todo el mundo, crecí. Llegó la pubertad, la adolescencia y, sin darme cuenta, me fui convirtiendo poco a poco en un chico serio y algo irónico. Me reía de aquellos que todavía flipaban con los dibujos animados, incluso llegué a considerar poco serio leer a Mark Twain.
No sé cuando comí de la fruta del bien y del mal, o cuándo fui secuestrado por la Reina de las Nieves en sus palacios de hielo. Lo cierto es que mi mirada cambió. El niño que fui se había marchado (¿cuándo ocurrió?) llevándose consigo su mirada, esa mirada amorosa y sabia que lograba ver la esencia y la maravillosa singularidad de cada hombre, mujer y niño. En su lugar me había quedado una mirada separadora y exigente, crítica, fría.
Los héroes de película perdieron su brillo y pasaron a convertirse en seres anodinos. Comencé también a ver, con esa mirada escrutadora, el lado oscuro de los corazones, la sombra retorcida y dañina. Me quejé. Amargamente. De todos. Empezando por mis padres , siguiendo por la sociedad y acabando por mí mismo. Veía miedo, cobardía, mediocridad, envidia. “La verdadera naturaleza de los hombres”, según los diablos del cuento de Andersen.
Voy acercándome a una cierta madurez (¿), aunque aún no se han apagado del todo los rescoldos del sufrimiento. Y de vez en cuando vuelve a visitarme (ya casi lo había olvidado) el niño que fui, trayendo consigo otra vez su mirada, la mirada infantil . Y, aunque sólo sea por unos instantes, vuelvo a verlos, sí, a mis padres, mis abuelos, tíos, primos, amigos, a todos, como entonces los veía. Luego vuelvo, claro, a la mirada de adulto, pero algo ha cambiado. Voy recordando. Recordando cómo eran, como son en realidad, las personas.
En ocasiones me siento como el protagonista de esos cuentos en que un mundo está en peligro y es un niño el que tiene que salvarlo (“La Historia Interminable”, “Momo”...).
Ese niño soy y no soy yo. Acabaré siéndolo. Él me está devolviendo su mirada, cada día un poco más. Cuando me la haya devuelto del todo, veré el mundo como era antes (cuando era niño). Veré el mundo tal y como en realidad es.

La semblanza de la Feria hay que escribirla en prosa densa y multicolor, sin puntos y aparte, con ritmo febril, irrefrenable, en largas frases enumerativas, con olores, humos, licores, griterío, músicas mezcladas, sirenas, ajetreo...
Sin embargo, la semblanza de su marcha y la repentina llegada del otoño, el trabajo y la costumbre, hay que escribirla con constantes puntos y aparte, con párrafos lentos, entreverados de silencios, con un solo perfume hondo de melancolía que recorra las frases.
El giro más extraño del tiempo en la ciudad es este paso súbito de la Feria, con su despliegue de alegría, a la melancolía del otoño. Este acostarse la noche del 17 de septiembre ebrios de sabores y barahúnda, y despertar, de improviso, en el lado cotidiano del espejo de los días y ya con las luces temperadas del otoño tiñendo las calles de colores lentos.
Y es que el otoño ya estaba ahí, y ni habíamos reparado en él, cegados como estábamos por las luces del Paseo Ferial. Es ahora, que se ha marchado ya la Feria “con el último torero”, cuando reparamos en que ya están aquí los fríos, y que va a haber que ir preparando el jersey recio que se había quedado dormido en el fondo del armario. Ahora cuando los niños vuelven al colegio tras haber vivido unas espléndidas vacaciones en un paraíso de mujeres-serpiente, leones del África y veleros que surcan los cielos. Es ahora cuando el alba comienza a demorarse tras el terco batallón de los despertadores.
Toda la ciudad es un solo hombre que, con resignación y un poco de resaca, vuelve al trabajo después de una larga noche de jarana.
La noche guardará su joven vestido de luces rutilantes, y volverá a vestir su luto de cansada Penélope que se pasa la vida hilando y deshilando un blanco ovillo de luna.
El Paseo dormirá de nuevo el letargo de serpiente del que sólo despierta cada siete de septiembre. Diríase que su aire está preñado de voces todavía, pero no son sino la estela del barco que se aleja y tardará mucho tiempo en volver. Un pesante vacío, una sorda tristeza, una unánime desazón ya van ocupando con incesante celeridad el lugar del gozo compartido y la infancia recobrada.
El libro del tiempo trastoca sus páginas y, al fondo de una calle, un hombre ve pasar fugazmente al niño que fue, al adolescente que ha sido, un tiempo de escalofríos, dulces pugnas, academias crepusculares...
Se acerca octubre y en los pueblos olerá dulce a vendimia y pan recién hecho. Vaho entre los labios y escarcha sobre las pámpanas. Íntimos conciliábulos alrededor del fuego.
Se acerca octubre, que es como empezar un nuevo año en la ciudad. Un olor a humo de leña mezclado con frío nos trae recuerdos imprecisos cuando nos dirigimos al trabajo.
(Albacete, finales de septiembre de 1985)

Hace unos días, en una cena con un escritor al que había invitado la Universidad de Castilla-La Mancha, se habló sobre el 15-M. Varios de los comensales se mostraron simpatizantes de este movimiento. Lo que me llamó la atención fueron las palabras del escritor invitado. Vino a decir que el problema del 15-M es que “sabe lo que no quiere, pero no sabe lo que quiere”. Estas palabras me hicieron acordarme de las propuestas aprobadas por el 15-M en la Asamblea de la Puerta del Sol. ¿El 15-M no sabe lo que quiere? Creo que sí. Esto es, entre otras cosas, lo que quiere:
Propuestas aprobadas en la asamblea de la protesta de Sol.
1. ELIMINACIÓN DE LOS PRIVILEGIOS DE LA CLASE POLÍTICA:
o Control estricto del absentismo de los cargos electos en sus respectivos puestos. Sanciones específicas por dejación de funciones.
o Supresión de los privilegios en el pago de impuestos, los años de cotización y el monto de las pensiones. Equiparación del salario de los representantes electos al salario medio español más las dietas necesarias indispensables para el ejercicio de sus funciones.
o Eliminación de la inmunidad asociada al cargo. Imprescriptibilidad de los delitos de corrupción.
o Publicación obligatoria del patrimonio de todos los cargos públicos.
o Reducción de los cargos de libre designación.
2. CONTRA EL DESEMPLEO:
o Reparto del trabajo fomentando las reducciones de jornada y la conciliación laboral hasta acabar con el desempleo estructural (es decir, hasta que el desempleo descienda por debajo del 5%).
o Jubilación a los 65 y ningún aumento de la edad de jubilación hasta acabar con el desempleo juvenil.
o Bonificaciones para aquellas empresas con menos de un 10% de contratación temporal.
o Seguridad en el empleo: imposibilidad de despidos colectivos o por causas objetivas en las grandes empresas mientras haya beneficios, fiscalización a las grandes empresas para asegurar que no cubren con trabajadores temporales empleos que podrían ser fijos.
o Restablecimiento del subsidio de 426€ para todos los parados de larga duración.
3. DERECHO A LA VIVIENDA:
o Expropiación por el Estado de las viviendas construidas en stock que no se han vendido para colocarlas en el mercado en régimen de alquiler protegido.
o Ayudas al alquiler para jóvenes y todas aquellas personas de bajos recursos.
o Que se permita la dación en pago de las viviendas para cancelar las hipotecas.
4. SERVICIOS PÚBLICOS DE CALIDAD:
o Supresión de gastos inútiles en las Administraciones Públicas y establecimiento de un control independiente de presupuestos y gastos.
o Contratación de personal sanitario hasta acabar con las listas de espera.
o Contratación de profesorado para garantizar la ratio de alumnos por aula, los grupos de desdoble y los grupos de apoyo.
o Reducción del coste de matrícula en toda la educación universitaria, equiparando el precio de los posgrados al de los grados.
o Financiación pública de la investigación para garantizar su independencia.
o Transporte público barato, de calidad y ecológicamente sostenible: restablecimiento de los trenes que se están sustituyendo por el AVE con los precios originarios, abaratamiento de los abonos de transporte, restricción del tráfico rodado privado en el centro de las ciudades, construcción de carriles bici.
o Recursos sociales locales: aplicación efectiva de la Ley de Dependencia, redes de cuidadores locales municipales, servicios locales de mediación y tutelaje.
5. CONTROL DE LAS ENTIDADES BANCARIAS:
o Prohibición de cualquier tipo de rescate o inyección de capital a entidades bancarias: aquellas entidades en dificultades deben quebrar o ser nacionalizadas para constituir una banca pública bajo control social.
o Elevación de los impuestos a la banca de manera directamente proporcional al gasto social ocasionado por la crisis generada por su mala gestión.
o Devolución a las arcas públicas por parte de los bancos de todo capital público aportado.
o Prohibición de inversión de bancos españoles en paraísos fiscales.
o Regulación de sanciones a los movimientos especulativos y a la mala praxis bancaria.
6. FISCALIDAD:
o Aumento del tipo impositivo a las grandes fortunas y entidades bancarias.
o Eliminación de las SICAV.
o Recuperación del Impuesto sobre el Patrimonio.
o Control real y efectivo del fraude fiscal y de la fuga de capitales a paraísos fiscales.
o Promoción a nivel internacional de la adopción de una tasa a las transacciones internacionales (tasa Tobin).
7. LIBERTADES CIUDADANAS Y DEMOCRACIA PARTICIPATIVA:
o No al control de Internet. Abolición de la Ley Sinde.
o Protección de la libertad de información y del periodismo de investigación.
o Referéndums obligatorios y vinculantes para las cuestiones de gran calado que modifican las condiciones de vida de los ciudadanos.
o Referéndums obligatorios para toda introducción de medidas dictadas desde la Unión Europea.
o Modificación de la Ley Electoral para garantizar un sistema auténticamente representativo y proporcional que no discrimine a ninguna fuerza política ni voluntad social, donde el voto en blanco y el voto nulo también tengan su representación en el legislativo.
o Independencia del Poder Judicial: reforma de la figura del Ministerio Fiscal para garantizar su independencia, no al nombramiento de miembros del Tribunal Constitucional y del Consejo General del Poder Judicial por parte del Poder Ejecutivo.
o Establecimiento de mecanismos efectivos que garanticen la democracia interna en los partidos políticos.
8. REDUCCIÓN DEL GASTO MILITAR
--------------------------------------------------------
ELIMINAR EL SENADO.
NORUEGA, SUECIA, DINAMARCA, NO TIENEN SENADO, ALEMANIA SOLO 100 SENADORES y EE.UU. UN SENADOR POR CADA ESTADO.
LOS GRANDES TEÓRICOS DEL DERECHO INTERNACIONAL Y CONSTITUCIONAL OPINAN QUE ES UNA CÁMARA INNECESARIA, PRESCINDIBLE Y QUE ESTÁ EN EXTINCIÓN, ¿ENTONCES POR QUÉ TENEMOS QUE MANTENER A 260 SENADORES?
DE ESTA FORMA AHORRAREMOS 3.500 MILLONES DE EUROS CADA AÑO.
ELIMINAR LA PENSIÓN VITALICIA DE TODOS LOS DIPUTADOS, SENADORES Y DEMÁS
"PADRES DE LA PATRIA".
ELIMINAR A TODOS los diplomáticos excepto un embajador y un cónsul en cada país. No es posible que gastemos en esto más que Alemania y el Reino Unido).
Con eso, y con rebajar un 30% las partidas 4, 6 y 7 de los PRESUPUESTOS GENERALES DEL
ESTADO (transferencias a sindicatos, partidos políticos, fundaciones opacas y varios), se ahorrarían más de 45.000 millones de Euros y no haría falta tocar las pensiones ni los sueldos de los funcionarios, como tampoco haría falta recortar 6.000 millones de Euros en inversión pública.
CON LA MITAD DEL DINERO QUE EL ESTADO SE AHORRARÍA CON ESTAS MEDIDAS,
SE ACABARÍA LA CRISIS EN ESPAÑA

“La princesa no ríe, la princesa no siente”
(Sonatina. Rubén Darío)
Tedium vitae. Esta antigua expresión podría, acaso, definir mi estado actual.
Aburrimiento, cansancio de la vida. No desesperación, sino falta de energía, escasez, pobreza vital.
Anoche, contemplando las luces de la Feria de Albacete (la misma Feria que fue una borrachera para mis sentidos en la niñez) se me hizo palpable esta pobreza. Las luces de colores que llevaban a mi alma a un estado cercano al éxtasis, ahora las observaba siendo consciente de su belleza, pero sin llegar a sentirla. Falta de sentimiento, falta de emoción, falta... Como si algo (quizá algún componente químico del cerebro) se hubiera quedado escaso, casi hubiera desaparecido.
Claudio Rodríguez habló del don de la ebriedad. Ese don es el que parece haber desaparecido en mí, haber huido, haberse evaporado. Algo que estaba (y que me procuraba una sensación natural de alegría, de plenitud, de cobijo) y que ahora, aparentemente, ya no está.
Tampoco diría que no tenga en ningún momento noticia de ese algo. Es cierto que, en contadas ocasiones (sobre todo cuando paseo largamente, con la cabeza despejada, sin nada de lo que preocuparme), aparece un poco de ese don que me llenaba de vida (sin yo saberlo). Algo es algo. En realidad es muchísimo, es mi esperanza.
Tengo la sensación de estar protagonizando uno de esos cuentos en los que el príncipe o la princesa sufren de melancolía y se convoca a los doctores más sabios en busca de un remedio. Normalmente la curación no suele venir nunca de los doctores (me veo tentado, ahora, de establecer paralelismos con los psiquiatras actuales...), sino de algún personaje humilde, sin ciencia (un niño, el hermano pequeño...). Y esa curación suele tener que ver con la risa y el amor (de hecho, a veces, el príncipe –o la princesa- acaban casándose con quien los cura).
No sé quién vendrá a curarme a mí de mi melancolía, de ese arcaico tedium vitae, que, desde luego, no soy el primer mortal en padecer.
Si cierro los ojos, si me convierto en ese príncipe triste y dejo correr la imaginación, me figuro algunas posibilidades sanadoras. Una sería la siguiente: el príncipe se disfraza de sirviente y vive durante un tiempo como uno más de los sirvientes del castillo. Se desembaraza de su hieratismo, se quita presión. Ejerce trabajo físico, tiene contacto con la naturaleza. Ríe, se pelea, bebe, se enamora. Y, al final del cuento, vuelve a ejercer de rey, ya alegre, ya restablecido.
Otras posibilidades vienen de personajes que curan al príncipe. Uno podría ser un niño. Un niño que llega de no se sabe dónde, que aparece inesperadamente y que, quizá, pueda ser un hijo no reconocido del príncipe. Ese niño restablece la normal circulación del amor y la alegría en el alma del melancólico.
Otro personaje está copiado de un cuento: las Crónicas de Narnia. Se trata de Aslan, el león: “Su voz era profunda y sonora, y de algún modo consiguió hacer desaparecer la agitación de los recién llegados, que, a partir de aquel momento, se sintieron satisfechos y tranquilos...”.
No sé, no sé quién vendrá, si es que alguien ha de venir, a salvarme. No sé qué pasará en el futuro, si se restablecerá en mí el don de la ebriedad, o si seguiré así, escaso por dentro (aunque por fuera parezca que estoy, quizá, mejor que nunca). ¿Tendré que disfrazarme de sirviente? ¿O estar atento por si aparece en mi vida un niño, un león? Vivamos con naturalidad y el tiempo nos dará la respuesta.

El ángel de la muerte
se adentró en el quirófano con mi hijo.
Yo le seguí,
y, de rodillas,
le dije: “tómame a mí”.
No peleé,
nadie puede vencer al ángel de la muerte.
El ángel de la muerte
entró por la ventana
del dormitorio de mi hija.
Me dirigí hacia él entre las sombras
y, de rodillas,
le dije: “me cambio por ella”.
No peleé,
nadie puede vencer al ángel de la muerte.
El ángel de la muerte
quiso besar a mi mujer,
pero yo me interpuse
y sentí el beso
amoroso sobre ambos.
Fluye ahora la muerte por mis venas,
alegre, más alegre que la vida.
Nadie puede vencer al ángel de la muerte,
pero suele aceptar un intercambio.
Viernes, 7 de octubre de 2010
Depósito de la Biblioteca Melchor de Macanaz, 8’30 h.
Querido niño:
Otra vez te he descuidado. Perdona de nuevo. Soy como esos padres voluntariosos con sus hijos, pero torpes. Espero que sepas ver, sobre todo, mi buena voluntad para contigo. Para mí siempre eres lo primero, pero a veces me despisto y vuelvo a la tendencia del estrés y el no saber decir no…hasta que no puedo más. Entonces, de nuevo, me paro y te escucho. Eres tú el que me avisa con esas señales: picor de ojos, dificultad para respirar, sensaciones depresivas por la noche…Eres tú, niño, mi niño. Como te olvido (¡perdóname otra vez!), como me vuelvo duro de oídos a tus quejas, entonces tienes que gritar, que llorar. Y tus llantos me llegan mediante esas señales del cuerpo. Ya no las temo, niño, porque sé que eres tú quien las envía. Y, si detrás de ellas estás tú, bienvenidas sean. Si esas señales me llevan de nuevo a estar juntos, yo las aceptaré con gusto. Y les haré caso. Las seguiré como quien sigue el plano que le lleva al tesoro. Y podremos ser, otra vez, felices ambos. Vuelvo a sentirte. Vuelvo a abrazarte. Te quiero.
Frutos Adulto.

(a Enrique)
El niño que fui, ¿qué pensaría del adulto en el que me he convertido?
¿Con qué ojos lo miraría, me miraría ahora?
Aquel niño, no manchado por la vida, con los ojos alegres, luminosos, del que aún no ha encontrado dolor en su camino, ¿qué gesto pondría ante el hombre cansado que ahora soy?
No sé si le he defraudado, si él, en sus sueños, soñaba otra vida distinta a esta que estoy viviendo.
De vez en cuando, no tanto como yo quisiera, viene a visitarme el niño que fui. Hay momentos en que apenas le reconozco. Otros instantes (triunfantes y luego dolorosos) me digo : sí, éste era yo, éste sigo siendo yo. Me alivia el alma saber que no se ha marchado, que sigue vivo en mí.
Yo creo que el niño que fui se alegraría de algunas cosas del adulto que soy, y le desagradarían otras. Le desagradaría, seguro, mi seriedad, mis tendencias plutonianas, ese tomarme todo tan en serio, ese gesto de fastidio que gasto más de lo conveniente para mi vida. Le agradaría, por ejemplo, que siga escribiendo, y que, de vez en cuando, haga feliz a alguien con mis versos . Esa escritura , además, es una puerta que me lleva a él.
Le gustarían algunos partidos de fútbol-sala en los que he cumplido dignamente, a pesar de mi barriga. Le gustarían los cuentos que, por la noche, cuento a mis hijos. No le gustaría ver cómo sufro por dentro a causa de mis fantasmas (los mismos que lo expulsaron de mi vida hace tiempo). Me diría : chilla, grita, enfádate, tú eres bueno aunque un poco cascarrabias, pero te quiero. No, no me diría eso nunca. Los niños no hablan así. No me diría ninguna tontería de esas. Me diría : párate, mira este patio vacío, tan raro, mira esa bicicleta tirada en el suelo, qué vieja es. Me pediría que le llevase al fútbol, que paseásemos juntos. Y me haría preguntas, infinitas preguntas (yo ya soy mayor y puedo contestarlas) . Preguntas del tipo : ¿Quién es mejor, Butragueño o Raúl? Me encantaría contestarle (él me escucharía atentísimo, pensando que es verdad todo lo que le digo) algo así : “A mí me gustaba mucho el Buitre, era como Curro Romero, jugaba poco, pero casi todo lo que hacía era de genio. El Buitre transmitía más, pero Raúl llegará aún más alto”.
Pasearíamos muchísimo, ya digo, todo lo que él quisiera y mis piernas resistieran. Veríamos cine y yo le hablaría de Marcelo Mastroianni, en “Ojos negros”, viajando por la estepa rusa, cuando le adelanta un carro de gitanos y él los llama, loco de alegría :” ¡Gitanos, gitanos!”. No sé, cosas de este tipo. Hablaríamos también de libros, y yo podría comentarle ciertas cosas que él quiere saber sobre los cuentos de Andersen, el Capitán Trueno y el Señor de los Anillos.
Ahora no tengo tiempo para todo esto, claro, pero ya lo arreglaríamos de alguna manera. Quizá tendría que pedir una excedencia en el trabajo o fingir una enfermedad, ya veríamos. Lo cierto es que, si viniera, lo cierto es que, cuando venga, yo le dedicaré todo el tiempo que él me pida. Pase lo que pase. ¿Y qué puede pasar, si él viene y se queda conmigo, qué pueden pasar más que cosas buenas?

28 de enero de 2008
(Fiesta de Santo Tomás de Aquino.Sentado frente a la Plaza de toros de La Roda).
Cuando me pongo en senda de silencio (como en este viajecillo) veo, primero, la hiperactividad de la mente, que quiere hacer planes, captar motivos para la escritura, sacar prontamente conclusiones, etc. También percibo algo que casi siempre está ahí: miedo a tomar decisiones (aunque sean insignificantes). Como consecuencia de este miedo aparecen imágenes que toman la forma de figuras exigentes, juzgadoras, castradoras, que dicen “no” continuamente o que se burlan de las ideas personales. El mismo hecho de hacer un viajecillo como este a La Roda encuentra, en mi interior, un movimiento como de rechazo.
Pero, cuando se van apagando estas sensaciones, aflora un amor (más bien un Amor) tranquilo, sin grandes pretensiones, servicial y agradecido. Y viene acompañado de hondas respiraciones. Entonces siento una conexión con mi familia, sobre todo la materna, una transparencia: se hunde el muro separador y me siento uno con los míos, un eslabón más de la cadena de mi pasado familiar.
13-mayo-2006
Bajo la basura. Pero no subo enseguida a casa. Me quedo... un rato.
Me gustan estos momentos robados, aunque todavía me siento un poco culpable (como cuando era niño, como cuando era joven) por esta pequeña libertad.
A veces coinciden con una noche de luna llena. Y es perfecto si sopla un poco de aire fresco. Entonces miro los gigantescos olmos que bordean la calle. Cómo se mueven sus hojas. Y poco a poco voy entrando en ese estado tranquilo y seguro que me regenera y del cual surge la creatividad y la fuerza.
Hoy he caminado cerca de las vías del tren. Un paseo de álamos. Las casas de Renfe. Un niño juega con una pelota, lanzándola contra la pared, en un terreno donde ha brotado un grupo de amapolas. Sus padres y su hermano pequeño están sentados en unos bancos. Al poco tiempo el niño deja el balón y se lo entrega al hermanito.
Vuelvo por la acera del Instituto de Enseñanza Secundaria Los Olmos. Las lilas de Persia están en flor. ¡Su perfume delicado y turbador!
Siempre me parece poco el tiempo dedicado a estos paseos contemplativos. Pero su calidad quizá haya que medirla más por la intensidad que por la extensión. Lo que importa es que, aunque hayan sido ocho o diez minutos, otra vez he entrado en ese reino tranquilo que es mío y, a la vez, en él están todos, y todo.

7 de abril de 2003
quise morir a veces
pero aquí sigo, sosteniendo
familia, amigos,
ciudad,nación acaso,
igual que James Stewart
en "Qué bello es vivir"
3 de octubre de 1985
"Doblo una esquina
y de pronto
aparece la luna"
Se me ocurrió hace algunos años, circulando en el seiscientos con Arturo por Albacete. Al doblar una esquina apareció en el cielo, majestuosa, como un regalo, la luna. Los versos nacieron instantáneamente. En aquel momento pensé que podrían ser el inicio de un poema -que nunca llegué a escribir. Anoche, leyendo a Bashô, supe lo que realmente eran: un haiku.
"Haiku es simplemente lo que está sucediendo en este lugar, en este momento". (Matsuo Bashô).
(nota: hoy, pasados casi treinta años, se me ocurre que el haiku podría quedar así
"noche de otoño:
al doblar una esquina
la luna llena")

En mi visita a los campos de exterminio de Auschwitz y Birkenau, recuerdo algo que me dejó marcado: la intuición de que el nazismo vive en el interior de la persona, de que todos somos nazis en potencia. No esperaba encontrarme con eso.Me hubiera resultado más fácil aceptar un sentimiento de odio contra un grupo humano que pretendió exterminar a otro, o el pensamiento de que los nazis fueron una patología en la historia de la humanidad. Pero eso fue lo que encontré, lo que surgió de mi interior y lo que aún hoy siento y percibo.
La matanza de Noruega me reafirma en esta intuición. El asesino llevó al extremo unas ideas que en modo alguno nos resultan ajenas, es más, podemos escucharlas diariamente en las tabernas o en las reuniones familiares. Ideas que surgen del miedo al Islam más radical, que acarrea el miedo (otra vez en la historia, otra vez más) a la totalidad de un colectivo diferente al nuestro en sus creencias, cultura y expresiones.
“Muerte a los judíos”. “Muerte a los traidores a Stalin”. “Guerra Santa contra el infiel”....y hoy “expulsión de los musulmanes o eliminación de aquellos que permiten su entrada en nuestro país”... La historia se repite... ¿Lo consentiremos? Si hacemos caso a lo intuido en los campos de exterminio y partimos de que el nazismo (entendiendo ahora por esta palabra el miedo y odio hacia un grupo humano diferente) está en el interior de todos, podremos responsabilizarnos, cada uno,de que esa semilla no germine. ¿Estamos en condiciones de dar un salto evolutivo en la historia de la humanidad? Hay indicios que así lo aseguran.Copio unos párrafos leídos en la prensa de hoy, que me hacen respirar y sentir esperanza. Espero que también a vosotros:
El autor de los atentados del pasado día 22 pretende haber actuado en defensa de la identidad noruega puesta en peligro por la inmigración, especialmente de ciudadanos musulmanes.Pero ocurre que un rasgo interiorizado por la población como seña de identidad de la Noruega moderna es precisamente su tradición de acogida y tolerancia.Resulta admirable, por ello, la declaración del primer ministro, Jens Stoltenberg, proclamando que la respuesta debe ser "más democracia" y asegurando que los atentados no van a cambiar el modelo noruego de sociedad abierta;y es llamativo que nueve de cada 10 ciudadanos se muestren de acuerdo con esa declaración.
Tal como se ha interpretado, más democracia no significa ignorar los errores y lagunas detectados en materia de seguridad. Los hubo y el Gobierno ha anunciado la creación de una comisión independiente para estudiarlos: por qué llegó antes la televisión (en helicóptero) que la policía, la aparente falta de medios, la confusión sobre el número de víctimas. Más democracia implica ahora más seguridad, pero no ha habido la histeria que en otros países suele seguir a conmociones de este tipo: a nadie se le ha ocurrido culpar de lo sucedido al Gobierno (o a la oposición) ni ha habido la carrera que aquí conocemos bien por exigir cambios normativos "drásticos" (aumento de las penas para ciertos delitos, por ejemplo). Tal vez haya que hacerlo, pero no improvisadamente y bajo el impacto de la matanza.

En “Harry Potter y el prisionero de Azkaban” hay un momento memorable. El profesor Lupin le está explicando a Harry el potente hechizo denominado “Expecto Patronum”, magia avanzada: “...una especie de fuerza positiva, una proyección de las mismas cosas de las que el dementor se alimenta: esperanza, alegría, deseos de vivir...”. Para invocarlo con la suficiente potencia, el mago debe concentrarse con todas sus fuerzas en un solo recuerdo de mucha alegría. Harry lo intenta en varias ocasiones y fracasa. Los recuerdos que escoge no son lo suficientemente fuertes: la primera vez que montó en escoba, la victoria del equipo de quidditch de Gryffindor en la Copa de las Casas... Pero, por fin, encuentra un recuerdo adecuado para un “Patronum”. Ni siquiera está seguro de que sea un recuerdo. “He pensado en mis padres, veía sus rostros...¡charlaban! Es el recuerdo que elegí. No sé siquiera si es real, pero es el mejor que tengo”.
Cuando vi la escena en el cine, me pregunté qué recuerdo escogería yo para un “Patronum”. Y hoy, 21 de enero de 2008, noche de luna llenísima, mientras acaso Lupin merodea convertido en hombre lobo por los bosques de Hogwarts, lo he encontrado (él meha encontrado a mí). Un recuerdo poderoso: mi madre y yo atravesando el parque de Abelardo Sánchez por la noche, de vuelta a casa.
Ocurrió dos o tres veces, no más. En ocasiones, visitando a los abuelos, se nos hacía de noche.Para regresar a casa había dos caminos: o bordear el parque, y tardar mucho más tiempo, o atravesarlo. El parque, a esas horas, imponía. Se hablaba de atracos (yo mismo fui atracado un par de veces), de gente oscura que rondaba los urinarios, de pandillas que abandonaban los barrios marginales al caer la tarde... Aun así, nos animamos y lo atravesamos.
Hacía frío y la oscuridad de la ciudad se hacía más densa en el parque. Ese frío y ese miedo me hacían apretar con fuerza la mano de mi madre, unirme a ella, no sólo físicamente. Acelerábamos el paso, invadidos de presentimientos. Pero también recuerdo alegría. El hecho de saberme unido a mi madre, protegido y protector a la vez, provocaba en mí un sentimiento de honda intimidad compartida, a la vez que una suerte de ebriedad ante el supuesto peligro. Dejábamos atrás la Cruz de los Caídos, seguíamos por el paseo hacia el colegio de San Fernando, pasábamos cerca de los temidos urinarios y, finalmente, salíamos a las luces del paseo de Simón Abril. En el trayecto casi nunca nos encontramos con nadie, y, si veíamos a alguien venir, cogíamos otra dirección. Entre sonidos de aves nocturnas y crujidos de ramas me sentía como Frodo atravesando la larga oscuridad de Moria, en compañía de Gandalf y su vara luminosa.
Sí, este recuerdo, tan pequeño, tan sedante y humilde, serviría, sin duda alguna, para convocar un “Patronum”. Me pasa como al bueno de Harry, ni siquiera se trata de algo espectacular (no como cuando me dieron dos diplomas de fin de curso en los Salesianos, o como cuando La Librería del Maestro editó mi primer libro, o como cuando marqué un gol desde el centro del campo), pero esta noche de luna se ha abierto paso en mi corazón, como mi madre y yo nos abríamos paso hacia la luz de las farolas, hacia nuestra casa, donde nos esperaba una mesita con brasero, una sopa caliente, alguna buena película en la tele y un sueño oceánico, de esos que ya no volvería a tener después... “¡EXPECTO PATRONUM!”.

“No hay dinero”, nos dicen. No hay dinero para pagarnos la próxima nómina. No hay dinero para nuestra jubilación. No hay dinero.

La niña estaba sola, en una cueva oscura, muy oscura, y solo tenía para iluminarse una luz minúscula...
Si quieres saber cómo continúa el cuento, pincha aquí:
http://www.youtube.com/watch?v=WY8NaVXyeRQ

jugar en la garita sentir miedo
al mirar de reojo el polvorín
el paso de la guerra por el pueblo
y cómo perdió el santo la cabeza
preguntas y preguntas al abuelo
que contestaba siempre escasamente
dejando lo mejor en el tintero

Se fueron los abuelos
y no sé en qué periodo
del duelo me quedé...
...ah, me cuesta aceptar que se hayan ido,
aunque fuera, ya sabes, ley de vida...
Lloré un poco, pero al instante
quedé como de piedra.
...pero no sé, quizá voy aceptando
porque a menudo vuelven a mis días,
están conmigo, me acompañan:
el abuelo Frutos, tan lejos,
legendario y chistoso,
me cuenta historias escabrosas;
con el abuelo Paco...la quiniela
o el paseo soleado por el parque;
la abuela Eugenia sigue preparándome
las más ricas meriendas y me besa
apretándome, mientras lloro,
y la abuelita Petra me coge de las manos
y soy ya más ella que yo
y todo está en su sitio
y la muerte de pronto cobra vida.

Temiendo que pudiesen matar a mi familia, amordacé a los leones que vivían en la casa paterna y los escondí en las cuevas. Justo después de hacerlo comprobé que el pozo del patio se había secado y la casa se sumía en una enorme tristeza. Salí a buscar agua. La encontré en una quinta de las afueras, en cuyo patio había un pozo del que manaba un agua increíblemente pura. Llené unas garrafas y volví a casa, pero en el trayecto el paisaje se convirtió en un desierto y tuve que consumir toda el agua para no morir.
He vuelto a la casa paterna. Al abrir, junto a mi familia, me reciben los leones, sin mordaza, con su fuerza tranquila, su presencia pacífica e intensa, su pasear elegante. Habitan en la parte de las cuevas, un trozo de campo que ha penetrado en la casa, un lugar donde da el sol y el aire es ligero. No inspiran miedo. Los dejo entrar y salir, que me acompañen.
El pozo del patio ha vuelto a manar. La casa ha recuperado su alegría.

Me gusta la cocina de mi casa,
diría que es mi sitio preferido.
Pequeña, pero tiene mesa grande
y en ella comemos los cuatro.
Tras poner el mantel, mi hijo pequeño
pretende año tras año
y pese a todas nuestras amenazas
encender la televisión.
Y a la mayor hay que llamarla a voz en grito
porque a esas horas es el novio quien la llama
por el móvil, el fijo o por el tuenti.
Mi mujer hoy no tiene buen aspecto,
hundida entre sartenes presurosas
(ella vino hace poco del trabajo
pero yo siempre llego algo más tarde
procurando encontrar la mesa puesta).
Nos sentamos, por fin,
y hay algo de tensión en el ambiente
(mi hijo y yo
la achacamos al ciclo menstrual
de las dos, cuando estalla).
Va a pasar algo, eso se nota,
se percibe, ya ronda por el aire.
Yo callo y bajo la cabeza
hacia los macarrones,
por ver si pasara de largo.
Pero no ha habido suerte, al fin...ocurre:
la mayor pasa hoy de la comida,
el pequeño contesta mal al padre,
mi mujer se lamenta del trabajo
en la casa, oficina, lavadoras...
y hay días en que odia ser mujer,
y yo respondo mal
(ya conocéis mi escaso aguante)
a tamaña presión sobre la mesa
y se escapa algún grito desmedido.
Y, sin embargo,
(y es que habla el corazón, no hay ironía)
me gusta la cocina de mi casa,
diría que es mi sitio preferido.

Nunca para ti la Belleza,
Nunca
La caricia que calma,
Nunca la Paz
Y Nunca el cumplimiento de los sueños.
Y siempre, Siempre,
Esa repetición
Mecánica
De aquello que te hace sufrir.
Pero...
ciertas músicas, ciertas voces,
el trato con los niños,
los dos adolescentes cogidos de la mano
que viste esta mañana
(¡ah, cómo sonreían!)...
...son luces que
junto a algunas películas y libros
pone en tu camino la Vida
para que recuerdes quién eres
y te salves.
Una noche,
al volver de una fiesta de trabajo
(en la que disfruté, lo pasé en grande,
comí, bebí, bailé
y abracé a algunas compañeras)
mi mujer y mis hijos me advirtieron
que olía mal
(yo mismo me di cuenta,
era un olor como a podrido).
Lo achaqué al bar de copas,
que se llenó de gente y de humo de tabaco,
y al sudor provocado por el baile.
Me quité todo:
camisa, camiseta, pantalones,
calcetines y calzoncillos.
Saqué al balcón la gabardina
y me duché.
Pero el olor allí seguía.
“¡Qué raro!”, dije,
y a todo prisa fui a acostarme.
Al despertar, el dormitorio
olía igual que yo.
Deprisa me vestí, marché al trabajo
y aquel olor vino conmigo
impregnando el despacho,
la sala, el mostrador…
Han pasado ya meses
y esto no puede ser casualidad:
el olor continúa.
Mis amigos más jóvenes rehúyen mi presencia.
Mas también hay personas compasivas
que fingen ignorar
(como si no pasara nada,
como si todo fuera
igual que antes…).
Mi mujer y mis hijos se van acostumbrando.
¿El que peor lo lleva? Yo.
Lo siento todo el día ahí adentro
y cómo va expandiéndose hacia afuera
desde mis vísceras.
Imagino que acabaré
acostumbrándome,
como todos se van acostumbrando,
y es posible que un día
lo perciba como algo natural,
la vida misma.

Llega escondido,
confundido con otros.
Has de estar muy atento para verlo.
¿Algunas pistas? Siempre joven,
sonrisa, ropa alegre,
gafas culo de vaso…
Su rostro se disuelve en un mosaico
con miles de teselas,
has de estar muy atento para verlo.
Él es uno más, pero es él,
su cuerpo es una célula
de un cuerpo coral,
una hojita de un roble milenario.
Tiende al anonimato,
pero cuando lo encuentras
alza los ojos y te mira
y sabes de súbito quién es,
aunque un segundo antes
parecía nadie…o todos.
Tienes que estar
atento, muy atento,
has de estar muy atento para verlo.
Y, cuando des con él por fin,
ya no tendrás que buscar más.
El resto del mosaico
se iluminará de repente,
como si un niño lo coloreara.
Y él se quedará
contigo para siempre,
con sus gafas culo de vaso,
los colores tan vivos de su ropa,
el navideño gorro
y esa mirada
que va a ser desde ahora tu mirada.

Llanto de niño.
Yo tampoco quiero ir
a la oficina.
Susana Benet
“Esa sombra, mi imagen, que va de un lado a otro para buscarse el sustento…”
Walt Whitman
I
Esta mañana
de camino al trabajo
mi sombra se adelanta,
ficha, sube los escalones,
abre la puerta
del despacho, pulsa el play…
Entretanto, yo voy hacia los campos
a donde el sol calienta, nutre, cura,
las montañas lejanas azulean,
aroma el pruno
y trina el verderón…
Silenciosamente me voy…
reconstruyendo.
Cuando vuelvo al despacho
mi sombra
ya sacó los primeros expedientes.
II
Los molinos de viento en la llanura,
la danza de sus aspas, esta brisa…
Descabalgo un instante de la prisa
y miro al horizonte, visión pura…
He escapado un momento de la hartura
de un trabajo robótico, qué risa
este absurdo tropel que a todos pisa
y a tantos enajena, qué locura.
Cómo anhelo el descanso, la sonrisa,
el ritmo natural, el tiempo inmune,
una existencia anónima y veraz.
Que sea mi tarea y mi solaz
encontrar por debajo de la prisa
este aliento cordial que a todos une.

Pienso mesa y digo silla,
Compro pan y me lo dejo,
Lo que aprendo se me olvida,
Lo que pasa es que te quiero.
La trilla lo dice todo;
Y el mendigo en el alero,
El pez vuela por la sala
El toro sopla en el ruedo.
Entre Santander y Asturias
Pasa un río, pasa un ciervo,
Pasa un rebaño de santas,
Pasa un peso.
Entre mi sangre y el llanto
Hay un puente muy pequeño,
Y por él no pasa nada,
Lo que pasa es que te quiero.
Gloria Fuertes

I
Hemos dividido en dos bandos al país, a la familia, al grupo de amigos.
A uno (en el que, por supuesto, nos incluimos) lo hemos llamado “LUZ”. Al otro, “OSCURIDAD”.
Hemos buceado en archivos, bibliotecas, Internet…hasta dar con aquellas pruebas que legitimen nuestro posicionamiento. Las hemos encontrado fácilmente: los hombres sabios nos apoyan con argumentos, cifras, estadísticas…irrefutables.
Un bando nos dice: “Aunque tenemos la solución a los problemas de España, el lastre de los que dejan el poder pesa demasiado. Poco podéis esperar. Aun así, trabajaremos con sudor y esfuerzo para salvar esta situación. Tenednos fe”.
El otro replica: “Nuestra visión es la correcta, pero no pudimos hacer más… El lastre (envidia, rencor, deslealtad) de los que querían el poder y no admiten más visión que la suya, impidió que el país progresara como debía”.
Esta semilla dual, cainita, es lanzada al aire en nuestras casas y penetra con facilidad en el pecho de nuestros hijos.
Bien abonada y regada (medios de comunicación sesgados, datos manipulados por los falsos gurús de la economía y la política que viven de nuestros miedos) la semilla crece y va destruyendo toda lucidez. La parte que se cree luminosa necesita devorar a la parte oscura. Y esta crece cada vez más y más distorsionada.
La luz y la oscuridad, contrarias, enfrentadas, enemigas…son, sin embargo, intercambiables. Una vive de la otra. Dos caras de una misma moneda.
II
Llamadme iluso, pero necesito imaginar un país (la familia, el grupo de amigos…) no fracturado. Un país donde las diferencias nos enriquezcan, nos unan. Sueño, en medio de la crispación, un país donde “entendernos sin destrozarnos, donde sentarnos y conversar”.
Si ese país es posible, serán los jóvenes los que lo construyan, los que quizá hayan empezado ya a construirlo. Quizá sea a ellos a quienes haya que escuchar ahora. Su voz, en estas últimas semanas, está sonando fresca, honesta, múltiple y tolerante. Un ejemplo:
En la plaza de la revolución mucha gente se acerca simplemente para charlar; unos apoyan las propuestas, otros aportan nuevas ideas y otros nos muestran su oposición al movimiento; nadie levanta la voz, toda nuestra idea es hablar, hablar mucho y sobre todo hablar con todo el que esté dispuesto a escuchar, sea cual sea su punto de vista.
…en la plaza de la revolución la gente se mira a la cara, se desarrollan relaciones horizontales donde por supuesto existen sexos, edades, clases sociales o ideologías pero donde éstas categorías se convierten en los puntos sobre los que construir nuestra unión.
Estos días hemos conseguido que se plante una semilla que ahora debe comenzar a romper con fuerza; unos nos encargaremos de regarla y otros de proporcionarle sol y calor para que algún día, esa pequeña semilla sea tan fuerte como un roble...
Frutos Soriano (el texto en cursiva pertenece a María García Prieto)

Surgen muchas críticas al 15-M. Vienen, sobre todo, de aquellos que no han acudido a las manifestaciones, que no han pasado una noche con ellos ni los han escuchado en sus asambleas. Suelen venir de los que opinan basándose en lo que les dice la televisión, o el periódico que compran (siempre el mismo). Eso sí, sus opiniones suenan irrefutables, bien fundadas, dichas con una seguridad que para nosotros quisiéramos.En realidad no los han visto, no los conocen. No se han impregnado de su energía (que es variopinta, unificada, pasional y racional, lo que es propio, en fin, de una juventud viva). Ellos son el cambio, aunque el viejo orden (que mora en todos nosotros, alimentándose de nuestro miedo) esté al acecho. Nadie puede pararlos. En realidad, el 15-M somos todos, es la fuerza de la inevitable mutación, de la ira sagrada, del amor, de la visión profética...¡Ojo!, no nos equivoquemos, no son excluyentes: buscan la comunidad no fracturada, la unidad en la diferencia. No nos fijemos, únicamente, en los brotes violentos, en la pasión incontrolada que les quita por momentos la razón. Fijémonos en lo que late por debajo. De ellos, de nosotros.